El mapa político de Chimbas atraviesa una metamorfosis innegable. Durante años, la hegemonía de Fabián Gramajo pareció un bastión infranqueable sostenido por un fluido engranaje de recursos y centralidad política. Sin embargo, el escenario actual expone un panorama drásticamente distinto. Las crecientes fricciones con la intendenta Daniela Rodríguez han acelerado un desgaste estructural evidente, agravado por la pérdida de la denominada «chequera grande» —aquella caja política alimentada por líneas de financiamiento provincial y nacional—. A este vaciamiento de recursos se le suma la migración silenciosa pero constante de referencias territoriales clave que solían nutrir esa maquinaria. La gestión municipal, distante de sus épocas de mayor solvencia, muestra grietas que ya no pueden disimularse con mera retórica publicitaria. Vale decir que por el lado del peronismo solamente una agrupación llamada actitud por chimbas es la única que se estaría movilizando y divisando.
Frente a este oficialismo debilitado, el espacio opositor debería hallarse ante una oportunidad histórica; sin embargo, la respuesta de ciertos sectores parece presa de una miopía preocupante. Abundan los dirigentes sumidos en cálculos individuales, incapaces de concebir la unidad estratégica necesaria para enfrentar una estructura de poder. Dirigentes como Mauricio Camacho o el propio Mañe recorren los medios de comunicación ensayando listados de candidatos a intendente, deslizando nombres como Chanampa o Buteler con una soltura calculada. Esta sobreexposición no busca construir una alternativa real, sino especular con candidaturas de compromiso. Se proyecta la ilusión de un armado colectivo con la secreta esperanza de que sea otro quien encabece el riesgo para garantizar, en la repartija de restos, un par de bancas en el Concejo Deliberante.
En ese manoseo de nombres y vanidades, la omisión del concejal Eduardo Núñez resulta tan sintomática como reveladora. Lejos de la pirotecnia mediática, Núñez encarna la constancia y el trabajo legislativo de cercanía. Quienes pretenden ubicarlo al margen de las discusiones centrales omiten deliberadamente un dato objetivo: su experiencia en el departamento, sumada a una impronta de gestión reconocida por los propios vecinos, le otorga un volumen político genuino. El concejal ha demostrado una notable capacidad para interpretar las urgencias territoriales y volcarlas en iniciativas concretas, manteniendo un canal orgánico con la comunidad chimbera. Minimizar esa tarea no responde a un diagnóstico serio de la realidad, sino a la incomodidad que produce su crecimiento en quienes carecen de territorio y prefieren el confort de la rosca política.
Del mismo modo, la figura del Dr. César Jofré aparece como un factor gravitante que la especulación superficial intenta obviar. Considerado uno de los profesionales del derecho más reconocidos de la provincia, Jofré posee una penetración sociocultural en sectores chimberos donde la política tradicional suele rebotar. La memoria electoral del departamento ofrece lecciones claras: cuando Mañe enfrentó la estructura de Gramajo, lo hizo apelando a esquemas prestados —como la agrupación Virgen de Fátima, el soporte de la Radio Santa Lucía de Sergio Bocelli, Carlos Gómez o el boliche Luna Morena a través de Ricardo Heredia—, pero fue el verdadero respaldo social y la capacidad de articulación de referentes como Jofré lo que permitió disputar el territorio. La influencia del abogado no es un dato de color, sino un activo estratégico determinante.
El análisis numérico del comportamiento electoral en Chimbas es categórico. Si en el tablero actual se consolida la articulación de un espacio donde referentes del peso del Dr. Jofré fijen postura con decisión, los chimberos tendrán posibilidades de votar a alguien con apoyo provincial y que además conoce muy bien el departamento. Pretender que figuras de probada representatividad pongan su capital y prestigio al servicio de aspiraciones ajenas, únicamente para engordar listas de concejales, es una fantasía desprovista de realismo. Los dirigentes con espesor propio no se prestan a maniobras de distracción; exigen reglas claras, respeto al trabajo acumulado y una visión con verdadera vocación de gobierno.
Esta falta de madurez en la dirigencia de superficie amenaza directamente el proyecto colectivo de unidad que impulsa el gobernador a nivel provincial. Mientras la conducción del Ejecutivo busca sumar voluntades y consolidar equipos sólidos, en Chimbas persisten actitudes egoístas que hieren susceptibilidades y expulsan a los actores mejor posicionados. Desestimar la capacidad de dirigentes que mueven la aguja electoral es el camino más directo al fracaso. La unidad no se declama en los micrófonos marginando a los que trabajan; se construye respetando el volumen de cada referente y entendiendo que Chimbas requiere solidez, presencia constante y penetración popular.
La realidad departamental, en definitiva, termina imponiéndose sobre la ficción mediática. Hoy, el equipo en el que confluyen el concejal Eduardo Núñez, el Dr. César Jofré y un nutrido colectivo de dirigentes departamentales representa el espacio de mayor crecimiento y despliegue territorial en Chimbas. Mientras un sector continúa entretenido en la especulación y el reparto preventivo de cargos, la alternativa seria de gobierno se consolida de manera constante en los barrios. Chimbas no perdonará la improvisación; el futuro del departamento pertenecerá a quienes comprendan que la política se valida con la gente, con trayectoria comprobada y con la responsabilidad de construir un proyecto de transformación real.
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