domingo 16 de agosto de 2026 - Edición Nº2251

Locales | 16 ago 2026

EDITORIAL

La hora de la moderación

12:45 |​Frente al riesgo del retorno kirchnerista y los excesos de la polarización, la reconstrucción de una derecha moderada se posiciona como la única salida sostenible para la Argentina.


 

​El escenario político argentino proyecta sombras inquietantes que reabren alertas institucionales en la ciudadanía. La reaparición en la escena pública de figuras emblemáticas del ciclo kirchnerista —como Guillermo Moreno, Luis D'Elía, Alberto Fernández y el estigma permanente de Lázaro Báez— genera una inmediata reacción de rechazo. No se trata únicamente de nombres deslucidos por el desgaste, sino de la amenaza latente de reinstalar un modelo agotado. Esa etapa priorizó la contienda ideológica y los modismos del relato —simbolizados en el uso del «todes»— por sobre las soluciones estructurales, dejando un tendal de deterioro económico e institucional cuya sola memoria genera alarma en la sociedad.

​Ese temor colectivo no es infundado. El esquema populista basó su viabilidad en el agigantamiento de la caja estatal, la destrucción de la moneda y la consolidación de un sistema de asistencia social que convirtió la ayuda pública en dependencia electoral. La proliferación de planes sociales dejó de ser una red de contención para transformarse en un mecanismo perverso que desincentiva el trabajo e imposibilita el desarrollo del sector productivo. La Argentina del presente reclama romper definitivamente con esa lógica asistencialista para recuperar los pilares del progreso verdadero: la cultura del trabajo, la seguridad jurídica, el premio al mérito personal y el respeto por el esfuerzo de quienes producen.

​Sin embargo, la alternativa ante el peligro de una restauración populista no puede residir en el salto al vacío ni en posturas intransigentes. Si bien Javier Milei logró canalizar el descontento masivo contra la dirigencia tradicional, su estilo confrontativo y su marco dogmático representan un extremo que siembra dudas en amplios sectores de la población. El votante medio exige transformaciones profundas, pero repudia la impredecibilidad y el enfrentamiento constante. La polarización sin matices encierra al país en una trampa paralizante, obligándolo a optar entre la decadencia conocida del pasado y la inestabilidad de experimentos sin anclaje institucional.

​Es en esta bisagra histórica donde cobra valor la edificación de una derecha moderada, sensata y con capacidad real de gestión. Un espacio que entienda que el orden fiscal, la seguridad ciudadana y la previsibilidad económica son postulados irrenunciables, pero articulados desde la templanza y el apego al marco institucional. La Argentina mayoritaria no demanda utopías ni giros intempestivos; solicita una conducción moderna que restablezca la autoridad del Estado en sus funciones básicas —seguridad, educación, justicia— mientras remueve la asfixia tributaria sobre la producción. El objetivo central reside en premiar el mérito individual y brindar reglas de juego claras para la inversión privada y la generación de empleo genuino.

​La articulación de este espacio exige figuras capaces de combinar gestión territorial con visión federal. Liderazgos como los de Nacho Torres en Chubut, Jorge Macri en la Ciudad de Buenos Aires o gestiones provinciales pragmáticas como la de Martín Llaryora en Córdoba, marcan la impronta de un centro pensante. Estos dirigentes encarnan una síntesis alejada tanto del dogmatismo populista como de las excentricidades libertarias. Representan la viabilidad del consenso operativo, la responsabilidad fiscal y la resolución concreta de los problemas cotidianos sin apelar al espectáculo mediático.

El fenómeno de la intervención política desde el poder económico y mediático en la Argentina se refleja en figuras clave que reconfiguran el mapa del poder real. La abierta militancia conceptual de Marcos Galperin desde el empresariado tecnológico expone una activa batalla cultural que busca influir en el rumbo socioeconómico sin requerir un cargo electivo; a la par, Daniel Hadad ejerce un rol estratégico como articulador de la agenda pública desde el poder mediático, modulando el clima político institucional. Por su parte, el protagonismo de Jorge Pablo Brito desde la cúpula financiera evidencia la necesidad del gran capital por tejer lazos de interlocución directa con el Estado para moldear las condiciones de gobernabilidad, mientras que la persistente centralidad de Patricia Bullrich encarna la capacidad del elenco político tradicional para reciclarse y ocupar espacios de decisión estratégica una vez más. En conjunto, estos nombres demuestran cómo la política argentina contemporánea no se agota en los partidos tradicionales, sino que se define en una constante tensión e interacción entre el capital privado, el ecosistema de medios y el ejercicio del poder público.

​Esta propuesta busca representar el espacio que Juntos por el Cambio descuidó al quedar marginado del balotaje en el último turno electoral. Gran parte de la ciudadanía que optó por expresiones de cambio radical lo hizo como un recurso desesperado para frenar al peronismo. Un proyecto de centro-derecha racional, con capacidad técnica y vocación de gobierno, resulta indispensable para consolidar el apoyo de esa masa crítica que aspira a reformas estructurales sin destruir la arquitectura institucional.

​El diagnóstico social es contundente: no hay margen para el retorno del kirchnerismo ni para la perpetuación del asistencialismo, pero tampoco existe tolerancia para el desorden. La confluencia de un electorado que busca cambios hacia una derecha pensante y moderada constituye la única vía real para ganar la batalla cultural y derrotar al kirchnerismo en un eventual balotaje. La reconstrucción nacional exige serenidad, orden y trabajo, dejando atrás las frustraciones del pasado y las incertidumbres del presente.

 

Por: Dr. César Jofré 

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