domingo 26 de julio de 2026 - Edición Nº2230

Locales | 26 jul 2026

EDITORIAL

Renovar no es heredar

07:51 |​En medio de la búsqueda desesperada de caras nuevas, el peronismo de San Juan se debate entre la falta de vocación, las reticencias con Fabián Gramajo y la pesada sombra de la grieta no resuelta entre Gioja y Uñac.


 

El Partido Justicialista de San Juan atraviesa una de las etapas más complejas y determinantes de su historia reciente. Tras el impacto político de perder la gobernación y quedar relegado al rol de oposición, el peronismo local parece haber ingresado en una carrera acelerada por encontrar lo que muchos dirigentes definen como la solución mágica: caras nuevas. Sin embargo, en esa urgencia casi desesperada por exhibir rostros jóvenes en las listas, surge una pregunta de fondo que la conducción partidaria no puede seguir eludiendo: ¿de qué hablamos realmente cuando hablamos de renovación política?

En los últimos días, las declaraciones de José Luis Gioja volvieron a fijar postura y a poner al descubierto los dilemas que cruzan a la fuerza partidaria. Con la crudeza de quien conoce al detalle las mañas del armado territorial, el tres veces gobernador apuntó contra la falsa ilusión del recambio generacional. Gioja fue claro al señalar que renovar la política no consiste en un mero recambio de apellidos ni en la continuidad dinástica. En la práctica sanjuanina se ha vuelto recurrente que, cuando un dirigente de peso debe dar un paso al costado, intente preservar sus cuotas de poder colocando a un hijo, un hermano o un pariente cercano. Esa maniobra de camuflaje familiar no es renovación; es, sencillamente, la privatización del capital político.

​En ese terreno de desconfianzas cruzadas se ubica la tirante relación y el tibio respaldo que el giojismo le concede a Fabián Gramajo. El exintendente de Chimbas, desde la conducción de uno de los departamentos más populosos de la provincia, busca erigirse como un actor central en la etapa que se abre. Sin embargo, la mirada escéptica de Gioja hacia la figura de Gramajo deja en evidencia que los recelos de la vieja guardia pesan más que las intenciones electorales. Gramajo encuentra una pared invisible porque la conducción tradicional cuestiona la profundidad de su proyecto y la legitimidad de sus aspiraciones.

Pero el contrapunto entre Gioja y el chimbero no es un hecho aislado. Detrás de cada movimiento táctico y de cada veto cruzado late, de manera inevitable, el conflicto de fondo que mantiene paralizado al peronismo local: el añejo y nunca resuelto distanciamiento entre el propio Gioja y Sergio Uñac. La ruptura de la conducción provincial fracturó el tejido interno y dejó secuelas que el paso del tiempo no ha logrado restañar. Hoy, cualquier intento de emergencia de una "tercera vía" o de un liderazgo emergente termina siendo devorado por la fuerza de esa puja. Quien pretende construir en el PJ sanjuanino queda atrapado bajo el fuego cruzado de dos sectores que, aun habiendo perdido el control del Estado provincial, mantienen el control de las estructuras internas.

​Ante este panorama, la búsqueda de caras nuevas corre el riesgo de derivar en un mero ejercicio de marketing. Promover la "renovación por la renovación misma" es un error conceptual tan grave como aferrarse a las viejas mañas del pasado. La política no es un casting de caras amables ni un casillero que pueda completarse de forma improvisada solo para exhibir juventud en los afiches. Asumir responsabilidades de conducción en momentos de crisis requiere de una trayectoria militante sólida, de formación conceptual y, por sobre todas las cosas, de un espíritu de construcción que no se fabrica en un despacho publicitario.

​Hay, además, una realidad que la dirigencia emergente suele callar: si las figuras históricas continúan marcando el pulso y acaparando la centralidad del debate, no se debe únicamente a su resistencia a retirarse, sino a la falta de iniciativa de quienes aspiran a reemplazarlas. La vocación de poder no se hereda ni se concede por cortesía; se ejerce y se conquista con presencia en el territorio, capacidad de debate y propuestas concretas para los sanjuaninos. A veces, quienes hoy continúan en el centro de la escena permanecen allí simplemente porque del otro lado no aparece la convicción de dar la pelea con el ímpetu que la hora exige.

Hoy el peronismo de San Juan habita una compleja encrucijada donde la crisis de representación queda al descubierto en la fragmentación de sus propios símbolos: transita, sin escalas, desde la mística e incombustible campera roja de José Luis Gioja —resabio de un caudillismo tradicional que se niega al retiro— hasta el corazoncito de Fabián Gramajo, una apuesta de marketing territorial que pretende suplir con estética la falta de densidad doctrinaria. En ese ecléctico arco donde lo estratégico se diluye en lo anecdótico, la política local oscila entre la microgestión folclórica del horno de barro de José Castro en Angaco —postal del achicamiento de horizontes de la dirigencia vecinal— y el recuerdo de la frustrada ambición presidencial de Sergio Uñac, un espejismo nacional que terminó por descalibrar el mapa de poder provincial. Entre la nostalgia del pasado, la cosmética del presente, la simplificación comunal y las construcciones truncas en el plano federal, el PJ sanjuanino busca a tientas una identidad, atrapado en un laberinto donde el envase parece haber devorado por completo al contenido.

 

Por: DrCésar Jofré 

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias