domingo 21 de junio de 2026 - Edición Nº2195

Locales | 21 jun 2026

EDITORIAL

La crisis del oficio: entre el rigor y el algoritmo

10:51 |​El periodismo atraviesa una mutación peligrosa donde la inmediatez del streaming pretende suplantar el conocimiento territorial, sacrificando el rigor, la historia y el compromiso con la verdad en el altar del clic fácil.


​La esencia del periodismo no reside en la potencia de un micrófono ni en la cantidad de seguidores acumulados en una plataforma de streaming, sino en la profundidad de la huella que deja el zapato en el asfalto. Históricamente, el periodista ha sido un observador participante, alguien que, como bien definiera Ryszard Kapuściński, necesita vivir el acontecimiento para poder contarlo. Hoy, sin embargo, asistimos a la emergencia de una nueva clase de comunicadores cuya principal herramienta no es la investigación, sino el comentario desinformado, realizado desde la seguridad de una habitación en penumbra, a menudo bajo el resguardo del anonimato o la lejanía.

​Un claro ejemplo de esta desconexión ocurrió esta misma semana al analizar el tablero político de Chimbas, donde un referente del streaming, sentado frente a una pantalla y probablemente a kilómetros de distancia de la realidad departamental, se permitió analizar candidaturas y liderazgos ignorando olímpicamente a los actores fundamentales. Este comunicador omitió de su análisis a dos figuras que no solo son hijos pródigos del departamento, con una trayectoria construida a base de caminar cada barrio, sino que ejercen diariamente la política más pura: el servicio al vecino.

​La omisión no es casual ni técnica; es la consecuencia directa de un periodismo que solo conoce el diez por ciento de la información. Cuando el análisis se basa en datos superficiales o en lo que dictan las redes sociales, el resultado es una caricatura. Ese periodista de silla confunde la relevancia digital con el peso político real, desconociendo que, en Chimbas, la política sigue siendo una cuestión de cara a cara, de resolver necesidades concretas y de construir legitimidad a través de los años.

​El verdadero periodista es aquel que posee el olfato que solo da la calle; es el que sabe leer los silencios de una entrevista, el que conoce los nombres de los dirigentes barriales y el que entiende las dinámicas que no figuran en ningún informe estadístico. Mientras el periodismo de profesión se basa en la verificación y el compromiso, el de streaming se reduce a menudo a una opinión editorializada, rápida y sin sustento, que busca la polémica para generar engagement sacrificando la rigurosidad.

​Como señaló el gran Gabriel García Márquez, el periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. El periodista de streaming actual, al evitar esa confrontación y preferir la comodidad de su estudio, está vaciando al oficio de su sentido humanitario. Cuando permitimos que quienes no conocen el territorio dicten la agenda de lo que es importante, estamos permitiendo que la democracia se degrade, pues una sociedad bien informada necesita de periodistas que se ensucien los pies y entiendan que su responsabilidad es mayor que sumar vistas.

El periodismo de profesión, como contrapoder, debe fiscalizar al político, mientras que hoy la sociedad ejerce con rigor el mismo control sobre nosotros. Resulta una contradicción absoluta que un programa se llame "El café de la política" cuando quien lo conduce parece haberse formado leyendo la revista Solo Fútbol, analizando el tablero departamental desde una miopía alarmante. No se puede pretender titular un espacio sobre la cosa pública sin siquiera pasar por la "cocina de los acontecimientos" y salir a la calle para chequear la información básica. Quien pontifica sobre la realidad ignorando a los actores fundamentales no hace periodismo, sino un ejercicio de liviandad que deja mucho que desear. Es imperativo que abandonen la comodidad de la habitación y se metan en los territorios, porque la audiencia ya no tolera que se omita la verdad.

​Esta degradación del discurso público no es un hecho aislado, sino que encuentra su eco en las altas esferas del poder nacional, como sucede con las declaraciones cotidianas de Manuel Adorni. Resulta inaceptable que la figura de un vocero o jefe de gabinete se normalice en la mentira constante o en la banalización de la realidad; cuando quien ocupa el centro de la comunicación oficial desinforma de manera sistemática, se habilita tácitamente a que cualquiera pueda faltar a la verdad o decir incoherencias con impunidad, erosionando la integridad de la palabra pública y degradando el debate democrático al nivel de una farsa insostenible.

​El caso de Chimbas es apenas una muestra de una patología mayor, pues mientras el periodismo de escritorio se limita a pontificar sobre lo que cree saber, la realidad sigue ocurriendo afuera, en la calle, donde el trabajo de servicio y el compromiso político siguen marcando el pulso real de la vida de los vecinos; al fin y al cabo, aquel que se informa solo con la luz tenue de una computadora nunca podrá iluminar la verdad de una comunidad.

 

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