domingo 07 de junio de 2026 - Edición Nº2181

Locales | 7 jun 2026

EDITORIAL

El valor de la palabra: San Juan y el modelo de la autosuficiencia

07:15 |​En un país sin crédito, la provincia de Marcelo Orrego consolida un orden fiscal histórico para pavimentar el futuro minero de los próximos treinta años a través del financiamiento internacional.


 

Decía el ensayista francés Joseph Joubert que "la virtud de la palabra es la de ser un puente entre los hombres". En la política contemporánea, sin embargo, los puentes suelen dinamitarse con la misma facilidad con la que se prometen. Por eso, el presente de San Juan adquiere una relevancia que trasciende sus fronteras geográficas. En un escenario nacional marcado por el pulso de la motosierra, la parálisis absoluta de la obra pública centralizada y una sequía de transferencias discrecionales que ha dejado a la mayoría de las provincias argentinas en una situación de vulnerabilidad extrema, la administración de Marcelo Orrego ha decidido trazar un camino propio. Un rumbo donde la autonomía no es un grito de rebeldía, sino una consecuencia directa del orden y la previsibilidad económica.

​La realidad fáctica del mapa federal es contundente: todo lo que San Juan ejecuta hoy se financia con recursos genuinos. No hay auxilio del puerto, no hay giros de emergencia de la Nación. Cada escuela reparada, cada paraje asistido y cada engranaje del Estado que sigue girando lo hace sostenido por el esfuerzo de las arcas provinciales. Este estatus de autosuficiencia no es un milagro fortuito, sino el resultado de un severo y milimétrico reordenamiento del gasto público implementado desde el primer día de gestión. Orrego asumió el compromiso de sanear una estructura que arrastraba vicios de inercia y transformó la disciplina fiscal en la principal carta de presentación de la provincia ante el mundo.

Sin embargo, el verdadero desafío de un estadista no radica únicamente en administrar la escasez del presente, sino en proyectar la riqueza del futuro. San Juan se encuentra ante las puertas de su mayor oportunidad histórica en las próximas tres décadas: el despegue definitivo de los grandes proyectos mineros, con el cobre y el litio como estandartes de una transición energética global que exige nuestros minerales. Pero el mineral bajo la roca no genera desarrollo por sí solo; necesita de un ecosistema que lo sostenga. Para garantizar que este augurio minero se traduzca en progreso real, la provincia requiere de una inversión monumental en infraestructura estructural. Estamos hablando de la modernización urgente de rutas y conectividad vial, la extensión de tendidos eléctricos de alta tensión para abastecer los yacimientos, la edificación de hospitales de alta complejidad en zonas cordilleranas y el desarrollo de una red de hospedajes y servicios hoteleros aptos para la escala humana que moviliza esta industria.

La envergadura de estas obras supera con creces el presupuesto corriente de cualquier provincia equilibrada. Por ello, la estrategia de Orrego no contempla sentarse a esperar un cambio de humor en la Casa Rosada ni ahogar al contribuyente local. La vía elegida es la de los créditos públicos internacionales y el financiamiento de entidades privadas globales. Es aquí donde el ordenamiento doméstico rinde sus verdaderos frutos. El gobernador puede darse el lujo de salir a buscar financiamiento externo porque transformó a San Juan en una plaza creíble, segura y jurídica. En los últimos meses, el Ejecutivo provincial se encargó de tejer redes y alianzas geopolíticas directas con potencias internacionales y organismos multilaterales, demostrando una seriedad institucional que contrasta drásticamente con la volatilidad macroeconómica del país.

​El respaldo institucional a esta visión estratégica tuvo su epicentro esta última semana en la Cámara de Diputados de San Juan, donde se dio un paso legislativo crucial al aprobarse la Ley de Operaciones de Crédito Público. Esta herramienta jurídica es el motor que destrabará las inversiones estructurales necesarias para el desarrollo minero. No obstante, el debate parlamentario volvió a exponer las miserias de la vieja política. El bloque del peronismo y el justicialismo local optó por el camino de la obstrucción, intentando dilatar y complejizar una votación que debió haber sido unánime por el bien común de la provincia. En un ejercicio de miopía política, la oposición prefirió aferrarse al cálculo electoral antes que cooperar con una herramienta de progreso genuino. A pesar de esa resistencia que buscó sembrar dudas donde hay certezas, la ley fue aprobada, consolidando el respaldo legal que los mercados internacionales exigen.

Negar estos avances o intentar bloquear las herramientas de financiamiento argumentando falsos tecnicismos es, en el fondo, darle la espalda al crecimiento de los sanjuaninos. El desarrollo económico y la llegada de capitales requieren previsibilidad. Quienes eligen el camino del boicot sistemático demuestran que su único norte es el interés electoral, quedando en evidencia ante una ciudadanía que exige madurez, gestión y, por sobre todas las cosas, resultados concretos para el futuro de la región. 

El reciente posicionamiento de San Juan como la segunda mejor provincia para las inversiones junto a Neuquén no es fruto del azar, sino de una gestión estratégica de Marcelo Orrego basada en el orden fiscal, la seriedad y la búsqueda de apoyo en países potencia. Ante este escenario, cabe preguntarse: si a algunos de los intendentes peronistas las entidades internacionales confiaran en ellos por ser serios como el gobernador Orrego y su gobierno, y les dieran un crédito, ¿lo tomarían o no? Esta encrucijada da la pauta de que la oposición actual está actuando en consecuencia por más ganas de recuperar el poder que por el beneficio de la provincia y todos sus habitantes, evidenciando una mezquindad política y cierta envidia ante una excelente gestión que busca garantizar el desarrollo estructural y minero de los sanjuaninos para los próximos treinta años.

​El contraste es evidente. Mientras algunos sectores persisten en la lógica del conflicto y el estancamiento, el Gobierno de San Juan avanza con la mirada puesta en el largo plazo. La gestión de Orrego demuestra que la confianza no se impone por decreto, sino que se construye con conductas y números auditables. Al tejer lazos de seriedad con el exterior, la provincia no solo asegura la llegada de capitales para sus obras clave, sino que eleva su estatus político y económico en la región, posicionándose como el polo de atracción más confiable de la Argentina minera.

Como bien señaló en su momento el célebre escritor y filósofo Ralph Waldo Emerson: "La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito". San Juan ha internalizado esa máxima de manera ejemplar. Al romper la dependencia del centralismo nacional y estructurar su crecimiento sobre la base del crédito productivo internacional, la administración de Marcelo Orrego no solo resguarda la soberanía económica de los sanjuaninos, sino que establece un estándar de gobernanza de altísimo nivel. El futuro de los próximos treinta años ya no depende de la benevolencia de un funcionario en Buenos Aires, sino de la solidez de una provincia que aprendió a caminar con paso firme, recursos propios y las puertas abiertas al progreso del mundo entero.

 

Por. Dr. César Jofré 

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