domingo 30 de noviembre de 2025 - Edición Nº1992

Locales | 9 nov 2025

EDITORIAL

El síndrome de la tobillera

El peronismo arrastra sus propias cadenas: de movimiento nacional a prisionero de sus errores. El país cambió, el poder también, pero ellos aún caminan con la tobillera del pasado.


 

Decir hoy “peronismo” es, inevitablemente, decir “kirchnerismo”. La historia reciente los unió en una misma ruina. Cristina Fernández de Kirchner, en su intento desesperado por conservar poder y libertad, fue dinamitando las bases de un movimiento que alguna vez tuvo sentido de pertenencia popular. Las alianzas que tejió, más personales que ideológicas, terminaron por dejar al peronismo varado en un desierto político donde solo sobreviven las sombras de lo que alguna vez fue una fuerza dominante.

El fenómeno no es nuevo, pero sí irreversible. En las últimas elecciones, el kirchnerismo gastó su bala de plata. El mileísmo emergió como una respuesta brutal y contundente: no solo barrió con los resabios del oficialismo anterior, sino que sepultó la estructura completa del relato kirchnerista. Hoy, después de haber perdido en dieciséis provincias, el peronismo solo conserva nostalgias y un puñado de dirigentes que no saben a quién seguir ni qué representar.

En San Juan, la caída fue más lenta, pero igual de inevitable. Primero, José Luis Gioja defendió el proyecto K con una fe casi dogmática. Luego, Sergio Uñac intentó desligarse sin éxito de esa herencia, aunque nunca pudo sacarse la sombra de Cristina de encima. Finalmente, Fabián Gramajo y Cristian Andino trataron de mantener viva la llama en la última elección legislativa, pero los resultados fueron apenas un consuelo: sumaron votos, sí, pero insuficientes para proyectar futuro. La política no se mide por el ruido del momento, sino por la capacidad de construir permanencia, y en ese terreno el peronismo sanjuanino está en bancarrota.

El golpe más visible se vio en los territorios donde el peronismo siempre fue hegemónico. Perdió en ciudades importantes del Norte argentino, donde históricamente marcaba tendencia. Esos bastiones, que alguna vez fueron la reserva simbólica del movimiento, hoy están en manos de otras fuerzas. La derrota no es solo electoral, es cultural: la juventud ya no se siente representada por los íconos del pasado. Ni el bombo, ni la marcha peronista, ni los dedos en “V” logran inspirar a una generación que busca autenticidad, trabajo y futuro. Son costumbres viejas, símbolos de una política que quedó anclada en el siglo pasado. Y cada elección lo confirma: las nuevas generaciones votan diciendo “no nos representan”.

El “síndrome de la tobillera” simboliza a un movimiento que camina, pero no avanza. El peronismo, que alguna vez fue una causa, hoy es un peso. Y mientras sus líderes buscan a quién culpar, la sociedad argentina ya eligió soltar las cadenas del pasado para caminar hacia un tiempo nuevo. En San Juan, las próximas elecciones serán para gobernador, y allí se verá con claridad el cambio de época: la gente ya no vota consignas, vota conductas. Marcelo Orrego encarna ese perfil de dirigente con imagen positiva, cercano, transparente, que piensa más en el trabajo que en la tribuna y más en la sinceridad que en la estrategia. Su ventaja no proviene del marketing, sino de la confianza que inspira un político que gobierna sin gritos ni promesas vacías, sino con hechos visibles. El pueblo, cansado de discursos y símbolos agotados, elige volver a creer en quienes construyen desde la verdad y el esfuerzo.

Mientras tanto, el presente muestra otro escenario. Marcelo Orrego gobierna con una lógica distinta: orden, transparencia y desarrollo genuino. Sin estridencias, va reconstruyendo un modelo provincial donde cada área encuentra su lugar y cada decisión tiene un propósito. En una provincia acostumbrada a los relatos grandilocuentes, su gestión propone algo más simple y, por eso mismo, más revolucionario: gobernar sin corrupción, sin improvisación y sin la necesidad de mirar atrás.

El nuevo mapa político sanjuanino se definirá, entonces, en torno a la gestión. Los candidatos que surjan del oficialismo tendrán no solo el respaldo del gobierno provincial, sino también el reconocimiento de una ciudadanía que percibe resultados reales. La política, como escribió alguna vez Albert Camus, “no es el arte de hacer posible lo imposible, sino de hacer necesario lo que es justo”. Esa justicia hoy pasa por el trabajo, la eficiencia y la coherencia, valores que el peronismo perdió hace años.

Como decía Jorge Luis Borges: “Nada se edifica sobre la piedra; todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra.” El peronismo eligió la arena. El país, finalmente, eligió construir sobre roca.

 

Por: Dr. César Jofré

 

 

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